
Protegiendo el futuro: la necesidad de monitorear la exposición al plomo en la niñez mexicana
Dr. Gonzalo G. García-Vargas
18 de marzo, 2026
Durante el año 2025 participamos en la revisión de la NOM-199-SSA1-2000 (modificada en 2017), por convocatoria de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). De manera unánime se reconoció la importancia de actualizar esta norma, especialmente considerando los graves efectos neurocognitivos que el plomo (Pb) ocasiona en la infancia. Para lograr una aplicación integral y efectiva en la regulación; se plantean los siguientes puntos fundamentales:
A) La NOM-199-SSA1-2000 establece valores criterio de Pb en sangre (PbS) y vincula acciones higiénicas, ambientales, médicas y nutricionales con las concentraciones detectadas en cada niño; asimismo, dispone que el manejo de la intoxicación por Pb se realice de forma individualizada. Se destacan estas premisas porque la correcta implementación de la norma exige recursos económicos, personal médico y paramédico capacitado, así como acceso a laboratorios con la sensibilidad y precisión necesarias para la determinación de PbS.
B) Hemos participado en la construcción de esta norma desde 2019, cuando surgió como una regulación emergente. A partir de esta experiencia, podemos señalar que la norma se originó como respuesta al grave problema ambiental detectado en la ciudad de Torreón, Coahuila, consecuencia de casi un siglo de emisiones de Pb y otros metales por parte de una empresa fundidora. Este contexto es relevante, ya que la norma fue diseñada considerando un escenario muy específico: el compromiso financiero de la empresa responsable, la disponibilidad de laboratorios universitarios locales y el respaldo jurídico-político del Gobierno del Estado de Coahuila, que incluso emitió un decreto estatal para atender la situación. Se trata, por tanto, de condiciones particulares que no están presentes en muchas otras regiones del país, especialmente en términos de financiamiento, infraestructura y capacidad operativa de las autoridades sanitarias estatales. Como resultado de lo anterior, únicamente en la ciudad de Torreón se ha logrado cumplir de manera casi completa con las acciones establecidas en la NOM-199-SSA1-2000. No obstante, la norma está concebida para su aplicación a nivel nacional.
C) En México, en 2017 y 2018 se incorporó un submuestreo (geolocalizado) en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), en el que se midieron concentraciones de Pb en sangre capilar en niños a nivel nacional[1]. Los resultados mostraron que el 17.2 % de los niños de 1 - 4 años presentaron concentraciones de PbS mayores a 5 μg/dL (indicativas de intoxicación por Pb); datos que al ser extrapolados permitió estimar que aproximadamente 1.38 millones de niños (en este rango de edad) se encuentran intoxicados (conforme a la norma vigente). Además, se observó una mayor prevalencia en poblaciones vulnerables: 23.7 % en el grupo con mayores carencias sociales, 28.7 % en población indígena y 25.2 % en niños con desnutrición crónica.
De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública se estima que los déficits cognitivos atribuibles al Pb generan una carga de enfermedad de aproximadamente 820,000 años de vida perdidos por muerte prematura o vividos con discapacidad (DALYs, por sus siglas en inglés) en México[2]. Por otra parte, se ha calculado que el impacto económico de la intoxicación por Pb asciende a cerca de 33 mil millones de dólares, equivalentes al 2.76 % del PIB nacional[3]. Esta información subraya la magnitud del problema y la prioridad que debe asignársele como asunto de salud ambiental.
En este contexto, tanto en México como a nivel internacional existe un consenso científico de que el Pb es altamente tóxico y carece de un umbral seguro de exposición. Es decir, no existe una dosis mínima que no produzca efectos adversos en el ser humano, siendo la infancia particularmente vulnerable. Esta evidencia ha impulsado a las agencias sanitarias internacionales a exigir valores criterio cada vez más bajos, lo cual ha sido atendido por la COFEPRIS mediante las revisiones normativas (2017 y 2025).
Ante este panorama, surge la pregunta:
¿Cómo lograr que la NOM-199-SSA1-2000 y sus revisiones se apliquen de manera efectiva a nivel nacional?
Existen precedentes de acciones sanitarias que, aun requiriendo recursos significativos, han sido implementadas en todo el país, como los programas de vigilancia epidemiológica y atención de enfermedades como dengue, tuberculosis, infección por VIH, entre otras. Más allá de la voluntad política, estos esfuerzos se sustentan en la existencia de programas nacionales estructurados.
La creación de un programa nacional para la atención de la intoxicación por Pb permitiría justificar y canalizar recursos financieros, humanos y técnicos necesarios para garantizar el cumplimiento de la normatividad en todo el territorio nacional.
Referencias
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Tellez-Rojo MM (2024) Intoxicación por plomo en población pediátrica. https://doi.org/10.21149/15840.
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Caravanos J (2014) Blood Lead Levels in Mexico and Pediatric Burden of Disease Implications. http://dx.doi.org/10.1016/j.aogh.2014.08.002.
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Figueroa JL (2024) Loss of cognitive function in Mexican children due to lead exposure and the associated economic costs. https://doi.org/10.1016/j.envres.2024.120013

Dr. Gonzalo G. García-Vargas
Facultad de Ciencias de la Salud, UJED. Gómez Palacio Durango.
Centro de Salud Ambiental, Servicios de Salud de Coahuila, Torreón Coahuila.
Red ESPESIES